
Participació
Barcelona tiene fama de ser una ciudad participativa, en la que sus ciudadanos/as son partícipes de la ciudad que se construye día a día. El concepto de la participación no podía se obviado por un Ayuntamiento supuestamente de izquierdas que publicita la voluntad de incluir en su diseño de la ciudad a las personas que vivimos en ella. Sin embargo, la participación ha sido usada más como una estrategia publicitaria que como un nuevo ágora en el que discutir, deliberar sobre cómo queremos que sea nuestra ciudad o nuestro barrio. La inversión destinada a publicitar los últimos procesos del PAM o del PAD (1millón de euros) es una buena muestra de esto. No se ha gastado, en cambio, ni una quinta parte de esta cantidad a explicar qué propuestas han sido incluidas, cómo se llevarán a cabo o de qué manera se ha realizado el proceso de selección de unas propuestas u otras.
El último proceso de participación puesto en marcha por el Distrito y generado a partir de las protestas vecinales por la construcción de un hotel y remodelación del entorno del Palau de la Música ya apunta claramente a qué entiende el Ayuntamiento como participación: “l’objectiu del procés és conéixer la opinió i recomanacions ciutadanes respecte a…” dejando así bien claro que la capacidad de decisión por parte de los vecinos queda completamente excluida de este proceso.
La participación promulgada por el ayuntamiento de Barcelona presenta particularidades en cada proceso, pero también hay errores que se repiten continuamente y que hacen pensar que el Ayuntamiento (o el Distrito) no tiene una voluntad real de que los/as habitantes de Barcelona construyamos la ciudad más igualitaria y a la medida de nuestras posibilidades y anhelos. Las deficiencias repetidas son:
- la falta de información. Esta falta de información atañe a muchos aspectos: la falta de información acerca de las transformaciones que se realizarán en nuestros barrios (¿quién hubiera sabido en La Barceloneta que había un “plan de los ascensores si las vecinas no hubieran dado la voz de alarma?). La falta de información de cómo participar: la pregunta “tu què faries?” del último PAD no explica sobre qué puedes decidir y sobre qué no, no explica que tienes la posibilidad de reimaginarte el barrio, de manera que, como los procesos de participación a menudo peligran de convertirse en un cajón desastre en el que muchos vecinos a título individual vierten sus quejas, ya que nadie les ha informado de que los cuidadanos/as tenemos la capacidad y el poder para cambiar las cosas. (Mucho distan las tan publicitadas audiencias públicas de la Regidora de ser un espacio de reflexión y deliberación conjunta en el que los/as vecinas/os participamos, y algo hace sospechar que no es la incapacidad de estas/os vecinas/os de pensar cómo quieren su barrio).
- La falta de transparencia. Los procesos de participación se dirigen a “los vecinos”, incluyendo en este colectivo tanto comerciantes, como vecinos. Sin embargo, este no es el problema principal. Volviendo al proceso del Palau nombrado anteriormente hay que decir que evidentemente, en la presentación del mismo proceso no hubo ni una sola mención a qué acuerdos económicos había llegado ya el Ayuntamiento con la cadena hotelera. La falta de transparencia sobre las transacciones económicas, sobre los acuerdos con agentes económicos o poderes fácticos y los objetivos reales con respecto a la zona a rehabilitar o el tema a tratar (¿se trata de mejorar la calidad de vida de los habitantes o de rentabilizar una zona? ¿se trata de hacer copartícipes del modelo de turismo a los vecinos o de dar una respuesta rápida a todas las molestias que genera el turismo?)
- La falta de vinculación. Es decir, hasta el momento, los procesos de participación no son vinculantes, el Ayuntamiento no está (ni se compromete) a ejecutar los resultados de los procesos de participación, lo cual hace que se conviertan en meros procesos de consulta, donde hay una ausencia total de capacidad de decisión por parte de las personas que vivimos en Barcelona o que sufrimos determinadas problemáticas.
cada proceso de participación tiene sus errores o deficiencias propios: el proceso iniciado en torno al Forat de la Vergonya fue fruto de la lucha vecinal, una conquista arrebatada al Ayuntamiento; pero en ningún caso una concesión del Ayuntamiento; el proceso de las Piscinas Folch i Torras ninguneó totalmente el proceso realizado por los vecinos y aceptó sólo las propuestas más banales, dejando de lado las sustanciales y que podían suponer un cambio; las propuestas hechas desde La Barceloneta después del proceso “La Barceloneta habla y decide” han sido igualmente obviados a la hora de elaborar la llei de barris, aunque algunos términos empleados en el documento se usan en el proyecto de la llei de barris (es decir, reapropiación edl lenguaje)…
Frente a esta situación, en la que al participación sirve más bien como justificación de los proyectos previamente acordados y pactados por el Distrito o Ayuntamiento, se hacen las siguientes propuestas:
- La participación requiere información:
- información sobre aquello que hay que decidir
- información que explique que participar implica hacer uso de nuestra capacidad de transformar nuestro entorno
- información, transparencia sobre los agentes que están implicados en aquello sobre lo que decidir (si hablamos del proceso del entorno del Palau de la Música: ¿es la opinión de los vecinos la única que se tendrá en cuenta, o también la de la cadena hotelera, los comerciantes, el mismo distrito que quiere rentabilizar más esa zona?). En definitiva, se trata de saber quién tiene realmente capacidad de decisión en los procesos y qué intereses tiene.
- Los procesos participativos realmente democráticos han de asegurarse de que no sólo participa aquel que participa siempre, sino que han de darle voz a los que normalmente no la tienen. La participación ha de incluir la máxima diversidad (entre las personas que no sacan rédito económico de aquello que se tiene que discutir), así como esforzarse por que la disidencia política esté presente y no excluir a aquellos que molestan o plantean modelos alternativos.
- La participación ha de darse desde abajo[1]. La destrucción del tejido social y asociativo de los barrios de Ciutat Vella lleva a que cada vez parezca que la única opción es que el Distrito ponga en marcha procesos de participación, sin embargo, desde abajo, ya se da una participación constante que no es tenida en cuenta.
- La participación no debe estar condicionada a tener más o menos conocimientos técnicos. El lenguaje técnico excluye a mucha gente de la posibilidad de participar y desplaza lo político o lo social a una esfera que pertenece sólo a los técnicos.
- La participación ha de suponer un proceso de deliberación y reflexión colectiva. Si hablamos del modelo de barrio o de Distrito que queremos, hemos de poder discutir colectivamente cómo lo queremos.
- La participación ha de suponer llevar a cabo nuestros deseos, anhelos; ejercer nuestra capacidad de transformación de nuestro entorno acorde a nuestras necesidades.
[1] Véase el documento provisional de los resultados de las jornadas de participación vecinal autoorganizada “La Barceloneta habla y decide”